lunes, 24 de abril de 2017

APOGEO Y DECADENCIA DEL PRIMERO DE MAYO

París, 1 de Mayo de 1918.

Por Ángel J. Cappelletti

Cuando el Congreso internacional reunido en la sala Pétrelle de París, entre el 14 y el 20 de julio de 1889, decidió organizar cada año «una gran manifestación internacional… en todos los países y ciudades a la vez», con el objeto de lograr la jornada de ocho horas, fijó ya como fecha para la misma el 1º de Mayo. Tenía en cuenta, al hacerlo, que la «American Federation of Labor», en el Congreso celebrado en San Luis, en diciembre de 1888, había adoptado esa fecha para una manifestación análoga.

Pero, como bien hace notar Dommanget, en «la célebre resolución del Congreso de París que, hablando con propiedad, es el acta de bautismo del 1º de Mayo internacional, no se hace en absoluto cuestión de fiesta, sino de manifestación». Se trataba, en efecto, de presionar a los poderes públicos y de exigir una reivindicación esencial para la clase obrera. En un artículo famoso y muchas veces citado de Jules Guesde sobre los orígenes del 1º de Mayo tampoco se mencionaba para nada la palabra «fiesta»: se hablaba, más bien, de manifestación, impulso, imitación.

Los anarquistas, que habían protagonizado el movimiento por las ocho horas en los Estados Unidos y que habían dado la sangre de los mártires, no tenían una opinión unánime sobre la participación en las jornadas del 1º de Mayo. Todos convenían, sin embargo, en aquellos momentos aurorales, en repudiar la idea de «fiesta» para ese día. El Pére Peinard, el famoso remendón libertario, sostenía que «son los cobardes y los frenadores del socialismo quienes han "cortado el chicote al aire protestador y frondoso del 1º de Mayo", ladrando que era la fiesta del proletariado, al mismo tiempo que procesionaban ante los poderes públicos» (M. Dommanget, 1º de Mayo ¿fiesta del trabajo o día de la lucha emancipadora?, México, 1977, págs. 159-160).

Pero no fueron sólo los anarquistas sino también la inmensa mayoría de los socialistas quienes rechazaron al principio la idea de convertir el 1º de Mayo en fiesta del trabajo. Las razones de tal rechazo, que duró por lo menos hasta la Primera Guerra Mundial, son muy comprensibles. Una fiesta significa la celebración de un triunfo, el recuerdo de una victoria. Pero la clase obrera, aun después de la conquista de la jornada de ocho horas, estaba lejos de haber triunfado. Si se podía hablar de fiesta no era, en todo caso, sino una fiesta del futuro, para cuando, como escribía Adrien Véber, «el victorioso empuje del socialismo y la instauración progresiva del colectivismo transformarán en una verdadera fiesta este austero aniversario, este acto de fe revolucionaria y de comunión internacional» (citado por Dommanget).

Algún historiador superficial podría imaginar hoy, leyendo los periódicos socialistas y anarquistas de la época, que tal oposición a celebrar una fiesta del trabajo y del trabajador obedecía a un escrúpulo del revolucionarismo doctrinario o constituía una mera formalidad protocolar. Basta con recordar, sin embargo, para aventar tan ligeras suposiciones, que quienes pretendían instituir el Primero de Mayo como fiesta internacional del trabajo eran nada menos que los personeros de la burguesía y representantes oficiales y oficiosos del gobierno. Nada más conveniente para ellos, sin duda, que convertir la fecha en una celebración poética o, mejor aún, en una concelebración de la naturaleza primaveral y del trabajo humano. Nada mejor que los cánticos jocundos y las guirnaldas de flores para exaltar la concordia de clases y la armonía social. No olvidaban éstos que ya los romanos habían celebrado el 1º de Mayo como festividad de las flores y de los cereales, ni, por otra parte, que en Australia el reformismo obrero había logrado, desde 1855, la jornada de las ocho horas, por lo cual celebraba la fiesta del trabajo en fecha próxima, esto es, el 21 de abril.

El movimiento obrero internacional y particularmente los anarquistas se negaron rotundamente a cohonestar este fraude y a colaborar con la domesticación de una fecha que había sido y quería seguir siendo clasista y revolucionaria.

Sin embargo, lo que no podía ser una «fiesta» de la armonía social y una celebración de la paz de los esclavos con el amo benévolo, se transformó pronto en algo más que una movilización por las ocho horas. Adquirió un significado trascendente al unirse al recuerdo fervoroso de los mártires de Chicago y llegó a ser día ecuménico de los trabajadores en lucha y, si así pudiera decirse, también «fiesta» de la sangre y del sudor del pueblo, más parecida por eso a una conmemoración religiosa que a una efemérides nacional o a un cumpleaños del gobierno.

Como tal se celebró, durante muchos años, en la mayoría de los centros obreros de Europa y de América, desde París a Buenos Aires y desde Río de Janeiro a Berlín. Y no dejó de presenciar, a través de los años, la caída de nuevas víctimas de la represión policial. Así, para citar sólo dos ejemplos de países muy distantes entre sí, en Fourmies, Francia, en 1891, las fuerzas policiales dispararon sobre una multitud desarmada y pacífica y dieron muerte a varios hombres, mujeres y niños; en Buenos Aires, Argentina, en 1904, durante la manifestación convocada por la Federación Obrera Argentina [FORA a partir de 1904, FOA entre 1901-1904], un obrero resultó muerto y otros quince heridos (cfr. Iaacod Oved, El anarquismo y el movimiento obrero en Argentina, México, 1978, pág. 337 ss.).

Tuvo el 1º de Mayo, por otra parte, sus oradores, sus dramaturgos y sus poetas. Charles Gros, Etienne Pédron, Clovis Hugues, Olivier Souetre y Gastón Couté (que cantó en argot parisino al día de los trabajadores) en Francia; Emil Szepansky y Ernst Fischer, en Alemania; Amedeo Vannucci, Pietro Petrazzani y Pietro Gori (autor de un esbozo dramático donde se canta un himno proletario con la música del Nabucco de Verdi) en Italia, fueron algunos de los vates populares de la fecha proletaria. Inclusive un escritor célebre en los círculos literarios de su época, Edmundo de Amicis, el autor de la universalmente conocida y traducida novela Cuore, escribió sobre el 1º de Mayo, exhortando, un tanto ingenua y sentimentalmente, a los capitalistas a unirse al socialismo (cfr. M. Dommanget, El 1º de Mayo en la canción y la poesía populares, México, 1977, pág. 193-226).

Sin embargo, poco a poco, el espíritu combativo que floreció en mártires y en poetas, se fue desgastando en las grandes masas obreras.

Con la domesticación de los sindicatos, ya sea por la complicidad del voto (que eleva a sus dirigentes al parlamento), ya por la implacable maquinaria del partido único y del Estado omnipotente, el 1º de Mayo comenzó a perder su significado prístino de manifestación internacionalista y clasista, de rememoración dolorida, pero combativa, del martirio de Chicago.

En algunos países, que dejaron de celebrar la fiesta del trabajo el 19 de marzo, día de San José, para trasladarla al Primero de Mayo (de acuerdo con el criterio de la clase obrera), la fecha se sigue celebrando con misas y tedéums. En otros, da lugar a desfiles marciales, bajo la paternal mirada de los nuevos amos. En otros, en fin, el 1º de Mayo es recordado en programas de radio y televisión, ocupa las columnas de la prensa burguesa y ocasiona piadosas congratulaciones en las cámaras legislativas y en las centrales patronales.

Todo esto comporta una tergiversación que podría considerarse cómica, si no tuviera mucho de trágica. Dijo muy bien el anarquista gallego Ricardo Mella: «Los años siguientes al bárbaro sacrificio (de los mártires de Chicago) se luchó valientemente; la huelga general ganó las voluntades y cada 1º de Mayo se señaló por verdaderas rebeldías populares. Los aldabonazos de la violencia repercutieron terroríficos en diversas naciones. Y a través de este periodo heroico, las ideas de emancipación social han adquirido carta de naturaleza en todos los pueblos de la Tierra. No espantan ya a nadie las ideas socialistas o anarquistas. De ellas andan contagiadas las mismas clases directoras. En sus bibliotecas hay más libros sediciosos que en las casas de los agitadores y de los militantes del obrerismo revolucionario. Y acaso también en los cerebros de aquéllos, más gérmenes de revueltas y de violencia que esperanzas en los corazones proletarios. Ha pasado la época heroica. Se ha falseado el significado del 1º de Mayo. Se lo ha convertido en un día ritual, de culto, de idolatría. La liturgia socialista no sabe pasarse sin iconos, sin estandartes, sin procesiones» (R. Mella, La tragedia de Chicago, México, 1977, pág. 136).

¿Puede volver el 1º de Mayo a conquistar su sentido originario? Evidentemente no, mientras el movimiento obrero no deje de ser un apéndice de los partidos políticos o un servil instrumento del Estado, mientras no logre enfrentar de nuevo (con otros métodos, pero con el mismo espíritu de los primeros años) al avasallante capitalismo de las transnacionales y al letárgico capitalismo de Estado, que gusta disfrazarse de socialismo.


sábado, 15 de abril de 2017

REEDICIÓN REVISTA 'AMOR Y RABIA', 10: «CARTAS DESDE LA CÁRCEL»

El presente número que hemos reeditado fue publicado hace más de 20 años, el 7 de mayo de 1996. Los textos que contienen fueron parte de la campaña de protesta de los presos FIES contra el entonces nuevo Codigo Penal, llamado «de la Democracia». A pesar de tal nombre —o precisamente por ello, teniendo en cuenta que hablamos de una democracia pactada con los responsables de una dictadura: transición no supone ruptura— el nuevo Codigo Penal fue mucho peor, duro y represivo que el anterior, que había estado vigentes bajo el Franquismo. Es la consecuencia de la gran traición de la Transición, que selló las derrotas de la Guerra Civil española y de la Revolución del 36.

O, también, para recibirlo en formato PDF basta con solicitarlo a nuestra dirección email:
colectivo.editorial.ayr@gmail.com





sábado, 8 de abril de 2017

REVISTA 'AMOR Y RABIA', 69: «BAKUNIN CONTRA MARX»

Ahora que puede verse en el cine la película "El joven Marx" no está de más recordar los parecidos y diferencias de Marx y Bakunin, que personalizaron la división en el seno del movimiento obrero entre autoritarios y antiautoritarios. Una característica especial de este número es que es una transcripción casi íntegra del número 3 de Papiertiger (Tigre de papel), revista hermana editada por un miembro de Amor y Rabia que se trasladó a vivir a Alemania.

Debido a la importancia de este año en el que se celebra el aniversario de la Revolución rusa, esta es la primera publicación de varias que irán apareciendo a lo largo del año relacionadas con el marxismo.

Respecto al texto mismo, recomendamos a quien quiera profundizar en el tema del enfrentamiento entre Marx y Bakunin el libro de Abel Paz "Los internacionales en la Región española". Otro libro aparecido recientemente en Alemania obra del autor Wolfgang Eckhardt, "Michael Bakunin Ausgewählte Schriften, Band 6: Konflikt mit Marx" es también fundamental, al demostrar en una investigación documentadísima (más de 1000 páginas) que el enfrentamiento en el seno de la Internacional no era entre Marx y Bakunin, sino entre Marx y otros destacados personajes de la Internacional que se negaron a aceptar el caudillismo de Marx.

viernes, 31 de marzo de 2017

REEDICIÓN REVISTA 'AMOR Y RABIA', 35: «IRRACIONALISMO»

El presente número que hemos reeditado fue publicado hace 20 años, el 15 de marzo de 1997. El texto fue escrito por Ernesto Mila y aparecido originalmente en la revista El Viejo Topo en octubre de 1996. 




Descripción de la Fundación Salvador Segui: Bajo la denominación de New Age se agrupan una diversidad de prácticas religiosas, terapeúticas, culturales, políticas, etc. El estudio de corte crítico incluye un glosario de la New Age y nombres propios de la «Nueva Era», así como diversos gráficos de su evolución en el siglo XX.



domingo, 26 de marzo de 2017

REVISTA 'AMOR Y RABIA', 68: «AMOR PLATONICO»

En este nuevo número de la revista AMOR Y RABIA publicamos la «Historia sin palabras» (Geschichte ohne Worte), de Frans Masereel. No es esta la primera vez que Masereel se pasea por las páginas de nuestra revista: hace veine años (¡veinte años!) publicamos «La Idea» en el Número 43 (1 de noviembre de 1997). Estas xilografías, un antecedente del cómic, fueron publicadas por primera vez en 1920 y reeditadas en 1927, con una introducción de Max Brod, el amigo y editor de Kafka.


Muchos artistas han imitado la falta de compromiso social de Andy Warhol, que prefería dibujar latas durante la década de los 60 en lugar de formar parte de las protestas contra la agresión americana a Vietnam. Masereel era justo lo contrario: pacifista convencido, se exilió en Suiza a comienzos de la Primera Guerra Mundial para evitar ser movilizado, instalándose en Ginebra. Entre 1916 y 1919 publicó, junto al anarquista Claude Le Maguet, la revista pacifista Les Tablettes, y en paralelo se dedicó a denunciar la locura militarista. Posteriormente, tras la Revolución Rusa, se posicionó con claridad a favor de la Unión Soviética y participó en numerosas actividades de signo pacifista y antifascista.

El 3 de enero de 1970, a los 83 años de edad, Frans Masereel dejó de herencia al mundo su obra y sus ideas, «Si alguien desea resumir mi obra en pocas palabras», comentaba, «puede decir que está dedicada a los atormentados y dirigida contra torturadores en todos los ámbitos de la vida social y espiritual. Que habla a favor de la fraternidad de la humanidad y en contra de todos cuyo objetivo es poner a las personas en conflicto entre sí. Se dirige a los que desean la paz y da la espalda a los belicistas».

Portadas de la primeras ediciones alemana
y francesa de HISTORIA SIN PALABRAS (1920)

La obra de Masereel ha logrado sobrevivir a la explosión creativa del período de entreguerras, previo al apocalipsis fascista que se fue fraguando de manera paralela y desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Conocidos autores contemporáneos han dejado constancia de su admiración por la obra de Masereel: Thomas Mann, que escribió el prologo para Mon livre d’heures (Mi libro de horas, 1919), cuando le preguntaron que película de todas las que había visto, le había conmovido mas, contesto precisamente Mon livre d’heures. Y Stephen Zweig escribió sobre el autor: «Si todo desapareciera, todos los libros, las fotografías y los documentos, y solo nos quedaran los grabados que ha creado Masereel, a través de ellos tan solo podríamos reconstruir nuestro mundo contemporáneo» Además de respeto, el arte de Masereel daba miedo, por lo que sus obras fueron prohibidas por el régimen nazi.

Con este número volvemos a tratar el tema del amor, tan importante como complejo, que ya tocamos en el Número 16, «Contra el Amor» .
 


sábado, 18 de marzo de 2017

REEDICIÓN REVISTA 'AMOR Y RABIA', 39: «CONTRA LA PSIQUIATRÍA»

El presente número que hemos reeditado fue publicado hace 20 años, el 28 de marzo de 1997. Por desgracia -y por las prisas- este número tuvo varios errores de maquetación que hacían dificil el poder entender algunos pasajes del texto. Para esta reedición hemos correjido esos errores. 







jueves, 16 de marzo de 2017

SOCIALISMO ENTRE COMILLAS

 Ya que en este año conmemoramos el Centenario de la Revolución Rusa de 1917, os pongo un texto (de 1921) que refleja lo que supuso la toma del poder ruso por los bolcheviques... Luego vendrían Stalin, la Guerra Fría, el Pacto de Varsovia, etc., hasta su final en 1991.

El 16 de marzo de 1921 (poco antes del último asalto que pondría fin a la rebelión de marinos, soldados rojos y obreros de la revolucionaria Kronstadt) salía publicada en el IZVESTIA de Kronstadt este artículo titulado: «SOCIALISMO ENTRE COMILLAS», redactado por el Comité Revolucionario Provisional que encabezaba la rebelión de esta ciudad-fortaleza (base naval de la Flota del Báltico) en la isla de Kotlin, a unos treinta kilometros al oeste de Petrogrado, en el golfo de Finlandia. Isla de larga trayectoria revolucionaria que se amotinó entonces contra el poder bolchevique (previamente lo hizo contra el zarismo y el Gobierno Provisional burgués) defendiendo totalmente el original lema revolucionario de «Todo poder para los soviets», lema traicionado por Lenin y sus secuaces en el Gobierno (que hipócritamente se llamaba Soviet de los Comisarios del Pueblo).

Tras tres años de guerra civil, la imposición del llamado 'Comunismo de Guerra' y las carencias de existencias provocó sucesivas revueltas campesinas en el país y las huelgas generales de trabajadores en Moscú y Petrogrado, duramente reprimidas por «el gobierno de obreros y campesinos» de la llamada «patria del socialismo». La población de la isla-fortaleza se sumó a la protesta  —foco de fuerte tradición rebelde y de muchos motines antiautoritarios, hasta Trotski (el gran verdugo) llegó a denominarla «el orgullo y gloria de la revolución»y estableció durante un tiempo un soviet libre, que terminó duramente reprimido por el Ejército Rojo, después de una lucha sangrienta y encarnizada. Un reflejo más de lo que Lenin y Trotski sembraron y después cosechó Stalin y los que le siguieron al frente de la URSS...
Helsinki, verano de 1918, marinos de Kronstadt
durante la guerra civil finlandesa.


Al hacer la Revolución de Octubre los marinos y los soldados rojos, los obreros y los campesinos vertieron su sangre por el poder de los soviets, por la creación de una República de trabajadores. El partido bolchevique prestó estrecha atención a las actitudes de las masas. Al inscribir en su bandera seductoras consignas que agitaron a los trabajadores, logró atraerlos a su campo y les prometió conducirlos a un brillante reino del Socialismo, que sólo los bolcheviques sabían cómo erigir.

Naturalmente, una alegría sin límites se apoderó de obreros y campesinos. «Por fin la esclavitud que hemos soportado bajo el yugo de los terratenientes y los capitalistas se está transformando en una leyenda», pensaron. Parecía que hubiera llegado la época del trabajo libre en los campos, fábricas y talleres. Parecía como si todo el poder hubiera pasado a manos de los trabajadores.

La habilidosa propaganda llevó a los hijos del pueblo trabajador a integrar las filas del partido, donde fueron aherrojados por una severa disciplina. Luego, cuando los comunistas se sintieron suficientemente fuertes, primero desalojaron del poder a los socialistas de otras tendencias; después apartaron a los obreros y campesinos mismos del timón de la barca del Estado, mientras continuaban gobernando el país en su nombre. Los comunistas sustituyeron ese poder que usurparon por el dominio arbitrario de los comisarios sobre el cuerpo y el alma de los ciudadanos de Rusia soviética. Contra toda razón y contra la voluntad de los trabajadores, comenzaron a construir tenazmente el socialismo de Estado, con esclavos en lugar de trabajadores libres.

Luego de desorganizar la producción bajo el sistema de «control por los obreros», los bolcheviques procedieron a nacionalizar las fábricas y talleres. Los trabajadores se transformaron de esclavos de los capitalistas en esclavos de las empresas estatales. Pronto esto no fue suficiente, y entonces planearon introducir el método de trabajo acelerado al máximo: el sistema de Taylor. Todo el campesinado trabajador fue declarado enemigo del pueblo e identificado con los kulaks (campesinos ricos). Con gran energía los comunistas se dieron a la tarea de arruinar a los campesinos, ocupándose ellos mismos de crear granjas estatales (las estancias del nuevo terrateniente, el Estado). Esto es lo que los campesinos han recibido del socialismo de los bolcheviques en lugar del libre uso de las tierras que acababan de conquistar. A cambio del cereal incautado y las vacas y caballos confiscados, recibieron incursiones de la Cheka y pelotones de fusilamiento. ¡Excelente sistema de intercambio en un Estado de trabajadores: plomo y bayonetas por pan!

La vida de los ciudadanos se volvió desesperadamente monótona y rutinaria. Uno vivía de acuerdo con las tablas cronológicas fijadas por la autoridad que correspondiera. En lugar del libre desarrollo de la personalidad individual y de una vía de trabajo libre, surgió una esclavidtud extraordinaria y sin precedentes. Todo pensamiento independiente, toda crítica justa a los actos de los gobernantes criminales se transformaron en un delito castigado con la prisión, y a veces incluso con la ejecución. En una «sociedad socialista» comenzó a florecer el castigo capital, esa profanación de la dignidad humana.

Tal es el brillante reino del socialismo al cual nos ha llevado la dictadura del Partido Comunista. Hemos obtenido el socialismo de Estado con soviets de funcionarios que votan obedientes de acuerdo con los dictados del Comité Central del partido y sus infalibles comisarios. El lema «quien no trabaje no comerá», fue distorsionado por el nuevo orden «sovietico» y transformado en «todo para los comisarios». Para los obreros y campesinos y la intelligentsia trabajadora sólo queda el trabajo descolorido y sin descanso en un ambiente carcelario.

La situación se ha vuelto intolerable, y Kronstadt Revolucionaria fue la primera en romper las cadenas y los barrotes de hierro de esta prisión. Está luchando por un tipo diferente de socialismo, por una República Soviética de trabajadores, en la cual el productor mismo será el único dueño y podrá disponer de sus productos como le parezca adecuado.

IZVESTIA
16 marzo 1921